miércoles, 12 de marzo de 2014

no sé.




 Había que tener la habilidad de cultivar el gusto por las pequeñas cosas. El gusto por cosas tan pequeñas como escuchar por primera vez la canción que posteriormente se convertiría en la mejor melodía para tu vida, cosas como disfrutar de un buen café en el silencio, cosas como desayunar tarta todos los domingos o cosas tan simples como estrenar zapatos. Él era de esos, de los que cultivaba el gusto por las pequeñas cosas y lo hacía sin casi darse cuenta. Y había algo. Algo por lo que ser, algo por lo que estar, algo que de alguna manera aportaba una estabilidad hasta entonces desconocida. ¡Y que miedo daba! Que miedo daba quererte sin razón, ser alguien contigo sin ni siquiera saber quien soy yo y cómo defirnirse. ¡Qué miedo daba definirse después de conocerte! Después de saber que te sacaba de quicio la gente snob, que detestabas el rap sin razón y que odiabas las series de vampiros ya que resultaban absurdas bajo tu racional punto de vista. Sin embargo, quería ser yo sin tí, hacer la prueba de quererme más a mí. Y una vez más, se convirtió en un intento fallido ya que había algo que me impulsaba a observar tu habilidad de cultivar el gusto por las pequeñas cosas tales como estrenar zapatos o desayunar tarta los domingos.

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